PUNTO DE VISTA

Filiberto Vargas Rodríguez
01/Agosto/2008

 

El negocio de las estructuras

Hay un negocio que empieza a florecer –tal vez el término más correcto sea “renacer” en el estado de Veracruz.
Se trata de la venta o alquiler de “estructuras políticas”.
Usted dirá ¿Qué es eso?
Se trata de ofrecerle a un candidato una red de contactos y grupos organizados que no sólo votarían por él, sino que trabajarían para promover el voto y para defenderlo el día de la elección.
Cualquiera a simple vista pensaría que ese es un negocio poco redituable, pues quién se aventura a la busca de un cargo de elección popular si no cuenta con esa estructura.
Pues son muchos los casos. Y son muchos los ejemplos de gente que ha ganado con estructuras prestadas, o alquiladas.
¿Qué gana o cómo cobra el proveedor de dicha estructura?
Se negocia de diversas formas. Hay los pragmáticos que le ponen a su aportación una tarifa en pesos y centavos. Una vez concluido el trabajo, se dan la mano y se prometen volver a reunirse “cuando vuelva a hacer falta”.
Otros, en cambio (los más) cambian sus servicios por posiciones a futuro. Esta negociación es más atractiva, pues el candidato arriesga poco (si acaso la fama, pues algunos de estos proveedores son verdaderas “fichitas”) y en caso de no lograr su cometido, pierden ambos. Digamos que es una “inversión de riesgo compartido”.
Pero… ¿Por qué florece ahora?
Curiosamente, quien la ha impulsado (tal vez a propósito, nunca se sabe con él) es el propio Gobernador de Veracruz.
Él ya dejó en claro, a través de los más variados conductos y mensajes, que el flamante Super Secretario de Finanzas y Planeación, Javier Duarte de Ochoa, es el elegido para sucederlo. A los que lo han dudado, les ha propinado severos coscorrones que los ha hecho entender.
Con un Gobernador tan dominante como el que tiene actualmente Veracruz, nadie se atreve a cuestionar su decisión, pero sí entienden que el “delfín” tiene las aletas muy cortas y que va a necesitar de todo el apoyo que esté a su alcance.
Ahí está el negocio.
En realidad del lado del priismo veracruzano son muy pocos los que todavía creen que pueden convencer “con el peso de las encuestas” al mandatario estatal de que son ellos mejor opción de Javier Duarte. Si acaso Adolfo Mota y Héctor Yunes.
El resto, aunque sigue trabajando en la consolidación de sus estructuras, lo hacen a sabiendas de que el “elegido” necesitará de ellos y se convertirán en una valiosísima moneda de negociación.
¿Ejemplos?
Ranulfo Márquez Hernández, quien instaló 212 unidades municipales de protección civil, quien tiene coordinadores regionales en toda la entidad, que cuenta además con la operación política que inició Ricardo Landa en el PRI estatal y mantiene en la Subsecretaría de Gobierno; que posee despensas, láminas y múltiples apoyos en especie para las zonas damnificadas por fenómenos naturales, gente agradecida que sabe corresponder cuando se les pide su voto.
Vía Veracruzana, organización política formal que presume de una amplia estructura en el estado, aunque mucha de ella está duplicada con otros organigramas, como los del propio gobierno estatal o la dirigencia priista. Aunque el titular es Miguel Ángel Díaz Pedroza, el máximo representante de esta organización en el Gobierno sigue siendo Amadeo Flores Espinosa.
Alianza Generacional. Grupo creado por Héctor Yunes en el que engloba a toda una generación de políticos que vieron pasar su época sin que nadie les abriera espacios y que ahora ven que la generación posterior a la suya la que está recibiendo los beneficios.
México Nuevo. Grupo más limitado pero que también ha hecho su trabajo y ofrece cuadros sólidos en áreas específicas de la entidad. Aunque ya dejó formalmente esa organización, Juan de Dios Sánchez Abreu parece seguir siendo su principal impulsor y, por lo tanto, el encargado de negociar posiciones.
Renovación veracruzana, el membrete que arropa a los “uscanguistas”, esto es, a los que siguen en el proyecto de Jorge Uscanga Escobar y que hace algunos meses creó una alianza con una organización similar, a nivel nacional, que encabeza el mexiquense Emilio Chuayffet Chemor.
Todos ellos (y otros más) se pararán enfrente de sus tiendas, en espera de que el delfín solicite su apoyo. Son buenos negociantes y el cliente es un político novato; si quiere regatear, lo amenazarán con irse con “el cliente de azul”, así que aspiran a llevarse una buena tajada del pastel.
Los que compren deberán, sin embargo, tener mucho cuidado, pues hay negociantes ladinos, que hablan de extensas redes, de miles de votos pero en los hechos no tienen nada.
Ese es el gran mercado de las promesas y las mentiras.

(filivargas@yahoo.com.mx)


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