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Hay un negocio que empieza a florecer –tal vez el término
más correcto sea “renacer” en el estado de
Veracruz.
Se trata de la venta o alquiler de “estructuras políticas”.
Usted dirá ¿Qué es eso?
Se trata de ofrecerle a un candidato una red de contactos y grupos
organizados que no sólo votarían por él,
sino que trabajarían para promover el voto y para defenderlo
el día de la elección.
Cualquiera a simple vista pensaría que ese es un negocio
poco redituable, pues quién se aventura a la busca de un
cargo de elección popular si no cuenta con esa estructura.
Pues son muchos los casos. Y son muchos los ejemplos de gente
que ha ganado con estructuras prestadas, o alquiladas.
¿Qué gana o cómo cobra el proveedor de dicha
estructura?
Se negocia de diversas formas. Hay los pragmáticos que
le ponen a su aportación una tarifa en pesos y centavos.
Una vez concluido el trabajo, se dan la mano y se prometen volver
a reunirse “cuando vuelva a hacer falta”.
Otros, en cambio (los más) cambian sus servicios por posiciones
a futuro. Esta negociación es más atractiva, pues
el candidato arriesga poco (si acaso la fama, pues algunos de
estos proveedores son verdaderas “fichitas”) y en
caso de no lograr su cometido, pierden ambos. Digamos que es una
“inversión de riesgo compartido”.
Pero… ¿Por qué florece ahora?
Curiosamente, quien la ha impulsado (tal vez a propósito,
nunca se sabe con él) es el propio Gobernador de Veracruz.
Él ya dejó en claro, a través de los más
variados conductos y mensajes, que el flamante Super Secretario
de Finanzas y Planeación, Javier Duarte de Ochoa, es el
elegido para sucederlo. A los que lo han dudado, les ha propinado
severos coscorrones que los ha hecho entender.
Con un Gobernador tan dominante como el que tiene actualmente
Veracruz, nadie se atreve a cuestionar su decisión, pero
sí entienden que el “delfín” tiene las
aletas muy cortas y que va a necesitar de todo el apoyo que esté
a su alcance.
Ahí está el negocio.
En realidad del lado del priismo veracruzano son muy pocos los
que todavía creen que pueden convencer “con el peso
de las encuestas” al mandatario estatal de que son ellos
mejor opción de Javier Duarte. Si acaso Adolfo Mota y Héctor
Yunes.
El resto, aunque sigue trabajando en la consolidación de
sus estructuras, lo hacen a sabiendas de que el “elegido”
necesitará de ellos y se convertirán en una valiosísima
moneda de negociación.
¿Ejemplos?
Ranulfo Márquez Hernández, quien instaló
212 unidades municipales de protección civil, quien tiene
coordinadores regionales en toda la entidad, que cuenta además
con la operación política que inició Ricardo
Landa en el PRI estatal y mantiene en la Subsecretaría
de Gobierno; que posee despensas, láminas y múltiples
apoyos en especie para las zonas damnificadas por fenómenos
naturales, gente agradecida que sabe corresponder cuando se les
pide su voto.
Vía Veracruzana, organización política formal
que presume de una amplia estructura en el estado, aunque mucha
de ella está duplicada con otros organigramas, como los
del propio gobierno estatal o la dirigencia priista. Aunque el
titular es Miguel Ángel Díaz Pedroza, el máximo
representante de esta organización en el Gobierno sigue
siendo Amadeo Flores Espinosa.
Alianza Generacional. Grupo creado por Héctor Yunes en
el que engloba a toda una generación de políticos
que vieron pasar su época sin que nadie les abriera espacios
y que ahora ven que la generación posterior a la suya la
que está recibiendo los beneficios.
México Nuevo. Grupo más limitado pero que también
ha hecho su trabajo y ofrece cuadros sólidos en áreas
específicas de la entidad. Aunque ya dejó formalmente
esa organización, Juan de Dios Sánchez Abreu parece
seguir siendo su principal impulsor y, por lo tanto, el encargado
de negociar posiciones.
Renovación veracruzana, el membrete que arropa a los “uscanguistas”,
esto es, a los que siguen en el proyecto de Jorge Uscanga Escobar
y que hace algunos meses creó una alianza con una organización
similar, a nivel nacional, que encabeza el mexiquense Emilio Chuayffet
Chemor.
Todos ellos (y otros más) se pararán enfrente de
sus tiendas, en espera de que el delfín solicite su apoyo.
Son buenos negociantes y el cliente es un político novato;
si quiere regatear, lo amenazarán con irse con “el
cliente de azul”, así que aspiran a llevarse una
buena tajada del pastel.
Los que compren deberán, sin embargo, tener mucho cuidado,
pues hay negociantes ladinos, que hablan de extensas redes, de
miles de votos pero en los hechos no tienen nada.
Ese es el gran mercado de las promesas y las mentiras.
(filivargas@yahoo.com.mx) |