| Cuando
observo la catástrofe que están viviendo las familias
en Minatitlán, debido a las inundaciones de sus viviendas
y la pérdida total de sus bienes materiales, veo también
la respuesta que tenemos como sociedad, y la verdad hay mucho
que rescatar.
A veces, cuando las cosas andan tan mal, bien valdría la
pena que hiciéramos la reflexión, de derrumbar todo
y edificar un nuevo país.
Bien valdría la pena que analizáramos los ciudadanos
qué es rescatable de este hermoso país y lo hiciéramos,
y todo lo que no nos sirve, echarlo a la basura o al olvido.
Los mexicanos desafortunadamente hemos adoptado formas de vida
que nos son ajenas, por eso padecemos tantas crisis existenciales,
ya que la Malinche mucho nos dejó de herencia.
Siento que lo primero que habría que evaluar serían
nuestras conductas en la cotidianidad.
Yo creo que este país sería otro si todos en nuestras
trincheras hiciéramos nuestro trabajo bien y en el tiempo
que tenemos para hacerlo.
Dicen que el buen juez por su casa empieza, entonces bien valdría
la pena que todos evaluáramos y nos hiciéramos un
análisis de conciencia en qué hemos fallado como
personas y como trabajadores, y enmendar, por el bien nuestro
y de el país.
Hemos fallado en el seno del hogar, ya que ahí es en donde
se generan todos los problemas que como sociedad estamos padeciendo.
Hemos fallado en la educación, ya que cada día en
todas las actividades que se relacionan con el quehacer educativo,
se hace de todo, menos enseñar, menos trasmitir el conocimiento.
Si usted estimado lector analiza, se dará cuenta que nadie
hace lo que tiene que hacer en el momento que lo tiene que hacer.
El otro día escuchaba un programa de televisión
por Unicable, que la verdad es infumable y las cuatro comentaristas
criticaban a las personas que llegan temprano a trabajar y hacen
todo menos trabajar.
Como ejemplo ponían a las personas que llegan a la oficina
y se ponen a pintarse las uñas, a maquillarse y luego toda
la oficina la llenan de olor a torta o a tacos porque desayunan
ahí. Estas comentaristas, decían, empiezan a trabajar
a media mañana, siendo que su hora de entrada es a las
nueve.
Yo me puse a pensar en ellas mismas, las cuatro comentaristas:
están en un medio de comunicación y ni siquiera
se saben expresar, ya que cada dos frases mencionan la palabra
“ o sea”, se tocan el pelo, posan a la cámara
y dicen una sarta de tonterías que la verdad duele la cabeza
escucharlas más de cinco minutos.
Aunque es cierto que en el medio burocrático nadie llega
a su hora, se sienta y se pone a trabajar, todos de alguna manera
fallamos, porque ya se ha hecho una costumbre el “yo hago
como que trabajo y ellos hacen como que me pagan”.
Con esto de las lluvias, comentaba, a veces es mejor derruir todo
y construir de nuevo. Creo que eso nos tiene que pasar a los mexicanos:
perder todo y empezar de nuevo. Crear una nueva conciencia de
interés ciudadano. Una nueva conciencia de una Reforma
Educativa que nos sirva de verdad. Crear una nueva cultura de
valores universales, que nos salvan y salvan a los demás.
No sé si se den cuenta, estimados lectores, pero los mexicanos
somos especialistas en recordar románticamente el tiempo
pasado, hacer pronósticos inalcanzables del futuro y nunca
tenemos puestos los pies en el presente.
Generaciones van, generaciones vienen y los mexicanos en lugar
de ir hacia adelante, vamos cada día peor.
Me gustó la respuesta que dio Porfirio Muñoz Ledo
al joven Camilo González, en el periódico Milenio
cuando le preguntó qué futuro había para
la juventud en este país, la respuesta fue: “Ninguno,
se lo tienen que construir”.
Esta respuesta me recordó el chiste, que habla de dos compadres
y uno de ellos le decía al otro: “Mire compadre,
yo ya hice tanto, pero tanto dinero, que las próximas tres
generaciones de mi familia están aseguradas”. Le
contesta el compadre: “Oiga compadre, ¿pues que los
considera tan pendejos como para que ellos mismos no se puedan
mantener que ya les aseguró el futuro?”
Hay mucho para reflexionar, dejar de divagar con el sueño
americano, ya que debimos haber aprendido que nada que valga la
pena es fácil y que por más que se robe, por más
que se engañe, por más que se tire, por más
que se presuma, por más que se tranquilicen los nervios,
algún día todo se acaba.
Y creo que lo peor es que a los mexicanos ya se nos está
terminando también la paz. Ya no viven en paz ni los ricos,
ni los pobres. Por todos lados nos grita este país: ¡tiremos
todo y empecemos de nuevo!
Sus
comentarios a: avefenix_xal@hotmail.com |