YO TAMBIÉN TENGO UN SUEÑO
Elsa de León
06/Octubre/2008

Cuando observo la catástrofe que están viviendo las familias en Minatitlán, debido a las inundaciones de sus viviendas y la pérdida total de sus bienes materiales, veo también la respuesta que tenemos como sociedad, y la verdad hay mucho que rescatar.
A veces, cuando las cosas andan tan mal, bien valdría la pena que hiciéramos la reflexión, de derrumbar todo y edificar un nuevo país.
Bien valdría la pena que analizáramos los ciudadanos qué es rescatable de este hermoso país y lo hiciéramos, y todo lo que no nos sirve, echarlo a la basura o al olvido.
Los mexicanos desafortunadamente hemos adoptado formas de vida que nos son ajenas, por eso padecemos tantas crisis existenciales, ya que la Malinche mucho nos dejó de herencia.
Siento que lo primero que habría que evaluar serían nuestras conductas en la cotidianidad.
Yo creo que este país sería otro si todos en nuestras trincheras hiciéramos nuestro trabajo bien y en el tiempo que tenemos para hacerlo.
Dicen que el buen juez por su casa empieza, entonces bien valdría la pena que todos evaluáramos y nos hiciéramos un análisis de conciencia en qué hemos fallado como personas y como trabajadores, y enmendar, por el bien nuestro y de el país.
Hemos fallado en el seno del hogar, ya que ahí es en donde se generan todos los problemas que como sociedad estamos padeciendo.
Hemos fallado en la educación, ya que cada día en todas las actividades que se relacionan con el quehacer educativo, se hace de todo, menos enseñar, menos trasmitir el conocimiento.
Si usted estimado lector analiza, se dará cuenta que nadie hace lo que tiene que hacer en el momento que lo tiene que hacer.
El otro día escuchaba un programa de televisión por Unicable, que la verdad es infumable y las cuatro comentaristas criticaban a las personas que llegan temprano a trabajar y hacen todo menos trabajar.
Como ejemplo ponían a las personas que llegan a la oficina y se ponen a pintarse las uñas, a maquillarse y luego toda la oficina la llenan de olor a torta o a tacos porque desayunan ahí. Estas comentaristas, decían, empiezan a trabajar a media mañana, siendo que su hora de entrada es a las nueve.
Yo me puse a pensar en ellas mismas, las cuatro comentaristas: están en un medio de comunicación y ni siquiera se saben expresar, ya que cada dos frases mencionan la palabra “ o sea”, se tocan el pelo, posan a la cámara y dicen una sarta de tonterías que la verdad duele la cabeza escucharlas más de cinco minutos.
Aunque es cierto que en el medio burocrático nadie llega a su hora, se sienta y se pone a trabajar, todos de alguna manera fallamos, porque ya se ha hecho una costumbre el “yo hago como que trabajo y ellos hacen como que me pagan”.
Con esto de las lluvias, comentaba, a veces es mejor derruir todo y construir de nuevo. Creo que eso nos tiene que pasar a los mexicanos: perder todo y empezar de nuevo. Crear una nueva conciencia de interés ciudadano. Una nueva conciencia de una Reforma Educativa que nos sirva de verdad. Crear una nueva cultura de valores universales, que nos salvan y salvan a los demás.
No sé si se den cuenta, estimados lectores, pero los mexicanos somos especialistas en recordar románticamente el tiempo pasado, hacer pronósticos inalcanzables del futuro y nunca tenemos puestos los pies en el presente.
Generaciones van, generaciones vienen y los mexicanos en lugar de ir hacia adelante, vamos cada día peor.
Me gustó la respuesta que dio Porfirio Muñoz Ledo al joven Camilo González, en el periódico Milenio cuando le preguntó qué futuro había para la juventud en este país, la respuesta fue: “Ninguno, se lo tienen que construir”.
Esta respuesta me recordó el chiste, que habla de dos compadres y uno de ellos le decía al otro: “Mire compadre, yo ya hice tanto, pero tanto dinero, que las próximas tres generaciones de mi familia están aseguradas”. Le contesta el compadre: “Oiga compadre, ¿pues que los considera tan pendejos como para que ellos mismos no se puedan mantener que ya les aseguró el futuro?”
Hay mucho para reflexionar, dejar de divagar con el sueño americano, ya que debimos haber aprendido que nada que valga la pena es fácil y que por más que se robe, por más que se engañe, por más que se tire, por más que se presuma, por más que se tranquilicen los nervios, algún día todo se acaba.
Y creo que lo peor es que a los mexicanos ya se nos está terminando también la paz. Ya no viven en paz ni los ricos, ni los pobres. Por todos lados nos grita este país: ¡tiremos todo y empecemos de nuevo!

Sus comentarios a: avefenix_xal@hotmail.com


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