| Si
en verdad los partidos políticos han perdido capacidad
de convocatoria al interior de la “sociedad civil”,
las causas habrá que buscarlas precisamente en la relación
entre las partes constitutivas del Estado. Para empezar, vale
comentar que entre la sociedad civil y el gobierno por definición
existen linderos puntualmente marcados, aunque en la sociedad
civil se organizan grupos de interés cuya característica
principal es la actividad política. Los hay de tonos eminentemente
políticos (partidos), religiosos, de clase (sindicatos),
económicos (Cámaras de servicios y de la producción);
todos guardan estrecha liga con la administración pública.
Su forma de interlocución con el gobierno-de subordinación
o contestataria- nos proporciona el grado de armonía o
desencuentros de esa relación.
Sociedad Civil no es de ninguna manera un concepto contrapuesto
al de gobierno; acaso sí el necesario complemento y su
contrapeso, y es un hecho que las omisiones de acción de
la sociedad civil siempre repercutirán favorablemente en
el crecimiento del poder del Estado. La Sociedad Civil en cambio
se fortalecerá en la medida en que los ciudadanos cuenten
con los elementos de participación y organización
suficientes que los capacite para una relación de balanceado
entendimiento con el Estado.
Uno de los resultados que la alternancia mexicana ha dejado en
claro es que los partidos políticos no han logrado atraer
hacia su membresía a buena parte de la población,
esto es fácilmente comprobable en el recuento de votos
emitidos en cualquier elección que se haya efectuado. Si
es para la presidencia, en el 2006 se reflejó que apenas
una porción mayor a la tercera parte de la ciudadanía
expresó su voluntad en los comicios. El resultado de otras
elecciones-para gobernador o municipales en 2004 en Veracruz,
por ejemplo- no ha sido diferente, aquí los números
enseñaron que el vencedor en los comicios para gobernador
llegó al cargo con apenas la tercera parte de los votos
emitidos, sin menoscabo por supuesto de la legitimidad que el
marco normativo permite.
Aunque parezca afirmación a priori, una votación
acentuadamente fraccionada genera conflictos en la relación
entre la sociedad civil y quienes integran las instituciones públicas,
enviando señales de inconformidad, desaliento, descontento
y desconfianza. Adicionalmente, ahora participa fuertemente en
esa relación la patología del crimen organizado
que con su enfrentamiento con el Estado ya ha generado harta zozobra
colectiva.
Así lo constatan las declaraciones del consejero presidente
del IFE, Leonardo Valdés Zurita, quien ha dicho que la
inseguridad que vive el país no es propicia para una amplia
participación ciudadana en el proceso electoral de 2009.
Por si fuera poco, en Veracruz ocurren casos como el de Ramiro
Guillén Tapia, quien al inmolarse en la plaza pública
de Xalapa dejó al descubierto el grave síntoma burocrático
de ineficiencia prevaleciente en las dependencias de gobierno
encargadas de la atención a la demanda ciudadana. En este
caso de nada valen ya las explicaciones que en descargo se están
haciendo, mucho menos las perversas versiones que en un principio
quisieron hacer aparecer al inmolado como afectado de sus facultades
mentales, tal cual se deslizó por algunos voceros oficio$os
apenas ocurrido el dramático desenlace.
Tratar de deslindar culpas, en un posible prevaricato ante una
sociedad ayuna de confianza en el decir del servidor público,
es tirar agua al mar. Malo y grave el mensaje que se envía
cuando para acallar protestas se acude al expediente de, ahora
sí de manera expedita, aportar la cantidad acordada para
indemnizar a los campesinos de la protesta; lo único que
invita a deducir es precisamente que después del niño
ahogado se tapa el hoyo.
A pesar del dicho de la autoridad local, que evidentemente solo
era mediadora en este asunto, el daño está hecho;
primero por la irreparable pérdida de una vida humana y
después porque despertó el reclamo de la sociedad
civil, como lo expresó el arzobispo de Xalapa, Hipólito
Reyes Larios al considerar como un “llamado de atención
a las autoridades” la inmolación del líder
campesino Ramiro Guillén Tapia. Análogamente el
diputado del PRD Celestino Rivera exhibe: “Grave, algo está
pasando en el estado, es cierto que existe mucho burocratismo
en algunas dependencias estatales y federales … Desafortunadamente
el licenciado Reynaldo cuando uno le toca asuntos de esta seriedad,
luego contesta con evasivas, con bromas, lo que no se merece el
pueblo veracruzano porque son asuntos serios, el acto de este
campesino demuestra que no hay la atención que se pregona
a los cuatro vientos”.
Debido a este grave acontecimiento que dio la vuelta al mundo,
por el lado de los medios de comunicación impresos en el
DF el acontecimiento ha servido para reanimar comentarios nada
favorables para el gobierno de este estado, haciendo señalamientos
que lo ponen en grave predicamento ante la faz de la nación;
nada que ver con lo que la unanimidad propone, pues parece que
algunos colaboradores del gobernador caminan en sentido contrario
a sus propósitos.
Lo cierto es que los remolinos de inconformidad permean cada vez
más profundamente en la sociedad mexicana. La osadía
de Andrés Gómez, el joven que calificó de
“espurio” al presidente Calderón es más
preocupante por lo que pudiera desencadenar que por el dicho mismo.
Por todo esto, no es extraño que un distinguido político
veracruzano, Francisco Montes de Oca López, tradicionalmente
disciplinado a las reglas del sistema, respetuoso de la ortodoxia
política, quien hace algunos años formara un fuerte
movimiento ciudadano al que denominó “El Grupo de
los 100” haya decidido reanimarlo y trascenderlo desde su
original cuna, Coatzacoalcos, hacia otros puntos de la geografía
veracruzana.
Si la Sociedad Civil es el contrapeso del Estado, esta forma de
organización -la de Los 100- acogida a las virtudes de
la asociación expuesta al beneficio o al fracaso político,
siempre serán bienvenidas, sobre todo si sus líderes
son de probada calidad moral en un entorno en donde esto último
es garbanzo de a libra.
Sin menoscabo del beneficio que representa la proliferación
de organizaciones políticas de la sociedad civil, a cambio
encontramos, como una de las causas que las originan, el fracaso
del Estado en su respuesta a las cada vez más exigentes
demandas ciudadanas. De manera concomitante, por ser los partidos
los vehículos oficialmente reconocidos para la integración
de dos de los poderes federales y estatales, aquí ésta
una de las razones por la que han perdido credibilidad y confianza
ciudadanas, que también viene a ser un factor adicional
que vigoriza la propuesta de los candidatos a cargos de elección
popular independientes o sin partido. Sin duda, en la Sociedad
Civil está el dilema acerca del qué hacer para profundizar
los cambios.
Sus comentarios serán bien recibidos en mi correo:alfredobielmav@hotmail.com
|