Confieso que existen muchas cosas que me desagradan y que de plano no soporto. Hago todo lo posible por evitarlas; les doy la vuelta, cierro los ojos, aguanto la respiración, evito todo contacto.
Todos somos un tanto intolerantes, para que negarlo, sólo que algunos son más pasivos y otros completamente activos. Yo por ejemplo no soporto a los que se tatúan el cuerpo entero, no los tolero, ni a los que se cuelgan muchas cosas en las orejas hasta deformarlas. No puedo entrar a un restaurante o pararme en un puesto de tacos si alguna persona con sobrepeso está comiéndose tres o más órdenes de tacos. No aguanto a las personas que tienen más de cinco gatos en su casa, no me gustan las películas de negros y detesto la música Hip Hop. Soy intolerante a las tarjetas de crédito, cuando me las ofrecen lanzo una mirada de odio que no puedo evitar. Los bancos me provocan diversos estados de ansiedad y los funcionarios bancarios me causan agruras. Para colmo de males soy intolerante también a la lactosa y cuando por equivocación tomo un vaso de leche no deslactosada, todos momentáneamente se vuelven intolerantes a mí debido a mis flatulencias.
Pero igual y lo mío no es intolerancia, porque de acuerdo con el Diccionario de filosofía de Ferrater Mora, la intolerancia es cualquier actitud irrespetuosa hacia las opiniones o características diferentes de las propias; la intolerancia se caracteriza por la perseverancia en la propia opinión, a pesar de las razones que se puedan esgrimir contra ella. En otras palabras la intolerancia es cualquier actitud irrespetuosa hacia las opiniones o características de otra persona, que trae como consecuencia la discriminación o agresión. Quizás no soy intolerante, porque no actúo en contra de eso que no tolero.
Un gobierno debe conocer muy bien el tema de la intolerancia para así evitar caer en actitudes reprochables que lo desprestigian. No se vale declarar ante los medios que los métodos financieros que se han usado son indiscutiblemente los mejores y que las personas que opinan de manera contraria son unos ignorantes. Cuando un gobierno quiere imponer su verdad por encima de las verdades de los ciudadanos eso es intolerancia. Cuando quiere hacer prevalecer su versión por encima de la realidad y somete a los demás a esa realidad, eso es intolerancia. Se trata de dejar que los demás coincidan o en su defecto que los demás difieran y expresen esas diferencias; esa libertad nos pertenece, la libertad de ser diferentes y no vernos obligados a coincidir, aunque en algunos casos podamos estar equivocados.
Irse en contra de un medio sencillamente porque éste no está de acuerdo con los lineamientos del gobierno es un acto de intolerancia y de vil censura. Tratar de sabotearlos mediante un hacker habilidoso, eso es intolerancia. Claro, es muy posible que los actos de sabotaje cibernético en contra de algunos portales de noticias y opinión no sean directamente obra del gobernador, no creo que él tenga esos grados de censura e intolerancia. Más bien creo que alguna oficina de coordinación de medios supone que con tapar el sol con un dedo lo van a desaparecer. Quieren quedar bien con el preciso y como golpeadores de barrio arremeten en contra de aquéllos medios que no comulguen con la política del actual gobierno. Pero como decía Arthur Schnitzler:“La tolerancia frente a la intolerancia es el peor de todos los crímenes. Ni siquiera la intolerancia es tan grave”. Es decir, si un gobernante se da cuenta que sus subordinados están portándose de manera intolerante y no hace nada, eso lo convierte no sólo en cómplice, sino en un sujeto peor que ellos.
Debemos aprender a ser tolerantes, debemos reconocer que las diferencias en los demás no nos hacen ni mejores ni peores personas. La tolerancia es una virtud anhelada que se ha ido perdiendo en un mundo que pone demasiado énfasis en las diferencias. Los seres humanos no somos negros, ni blancos, ni amarillos, somos humanos. Tener una opinión diferente no nos hace más listos o más tontos, tener diversas opiniones sólo nos hace más plurales. Un gobierno debe, entre otras cosas, cuidar que esas diferencias no provoquen discriminación, debe cuidar que esas diferencias no sean motivo de ningún tipo de agresión y por supuesto los gobernantes deben ser, entre los hombres, los más tolerantes, de otro modo corren el peligro de convertirse en dictadores fascistas y esos no se toleran ni a si mismos.
Armando Ortiz
aortiz52@hotmail.com
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